Para predicadores: El mejor sermón de la historia

El mejor sermón de la historia

“Cuando vio a las multitudes, subió a la ladera de una montaña y se sentó. Sus discípulos se le acercaron, y tomando él la palabra, comenzó a enseñarles diciendo […]. Cuando Jesús terminó de decir estas cosas, las multitudes se asombraban de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tenía autoridad, y no como los maestros de la ley” (Mateo 5:1-2; 7:28-29, NVI).

Nuestro mundo actual es pluralista. Los temas en boga de hoy son la comunicación amplia, la globalización, los conflictos entre las naciones, el humanismo y la Nueva Era. El escepticismo, paradójicamente, es prevaleciente en esta época de tantas religiones. Los cambios en la ciencia y en la tecnología son muy evidentes y marcados. El pensamiento y el comportamiento del hombre moderno son pluralistas. Una gran mayoría cree que la vida se originó en el espacio exterior y que Dios no es más que una fuerza como en las Guerras de las Galaxias. El humanismo proclama que no existe la verdad absoluta. Cada uno tiene su propia verdad. La verdad es relativa para cada persona. Y los conflictos de cosmovisiones contemporáneas causan tremendas confusiones. Este es el mundo al que los predicadores nos enfrentamos cada día. Es a este, y no a otro mundo al que necesitamos predicarle LA VERDAD de Jesucristo.

Si lo que necesita el mundo es predicadores verdaderos del verdadero evangelio de Jesucristo, entonces los predicadores deben predicar según el método de Jesucristo.

También el mundo en los tiempos de Jesucristo tenía parecidos problemas y desafíos que el de nuestro tiempo. Los cambios del mundo del primer siglo no fueron únicamente políticos. Hubo también enormes cambios culturales, filosóficos y religiosos. Jesús no tuvo que tratar sólo con judíos, sino también con soldados y oficiales romanos, con cobradores de impuestos que colaboraban con los romanos, con griegos y esenios. Jesús interactuó con el escéptico Pilato, quien preguntó: “¿qué es la verdad?”, y con los saduceos, quienes bajo la influencia griega, no creían en la resurrección.

Los cambios políticos tuvieron también un impacto mayor sobre el comercio y la comunicación. Debido a la Pax Romana hubo seguridad para viajar y hacer comercio en todo el mundo mediterráneo. Jesús hizo uso limitado de esta libertad para viajar dentro y alrededor de Galilea, Tiro y Sidón, Decápolis, Samaria y Judea. Sus apóstoles aprovecharon también de esta libertad para viajar dentro del imperio.

Jesús fue criado en Galilea, región de mucha mezcla de culturas, y más heterogénea que Judea. No tengo la menor duda que Jesús hablaba tanto el griego como el arameo.

Otra característica de la vida del primer siglo fue la confusión prevaleciente debido al conflicto y síntesis entre culturas y cosmovisiones. Roma generalmente toleraba las religiones de los pueblos mientras su práctica no representaba una  amenaza para la autoridad romana.

Jesús tuvo que lidiar con los saduceos quienes intentaron sintetizar algunos aspectos del pensamiento griego y judío. Los fariseos, con quienes también debatió, representaban el rechazo de tales síntesis.

Entre  los principales peligros que enfrentaban las primeras iglesias fue la enseñanza sincretista de los judaizantes, quienes intentaron hacer una amalgama con el evangelio cristiano y el fariseísmo. Otro peligro similar fue la enseña de los protognósticos, quienes intentaron armonizar el cristianismo con varios aspectos de la filosofía griega y las religiones de misterios.

Este era el mundo que enfrentó Jesucristo como predicador. ¿Era fácil ser un predicador, entonces? Nunca lo fue. Sin embargo, Jesús fue un predicador exitoso. Ahora, en estos últimos tiempos, se requiere de mucho vigor y energía espiritual para evangelizar y predicar a un mundo con valores decadentes.

En esta época POSTMODERNA la presentación es más importante que nunca. Hoy tenemos que comunicarnos en una situación multicultural, pluralista y confusa. Por eso tenemos que estudiar para ser sencillos y directos, apuntando a la experiencia y preocupaciones comunes de los seres humanos. Estamos compitiendo con muchas otras voces y cosmovisiones. Tenemos que competir con el Islam, la Nueva Era, el humanismo, el existencialismo y muchos más.

Para lograr el mismo éxito que tuvo Jesús y sus apóstoles, evidentemente, necesitamos al Espíritu Santo. Los apóstoles tuvieron éxito porque siguieron el método del Maestro. Y nosotros también tendremos victorias siempre y cuando sigamos el método de predicación de Jesucristo. De acá surge la importantísima pregunta que sigue:

¿Cómo predicaba Jesús?

Para saberlo, es necesario que examinemos el mejor sermón de la historia del cristianismo: El Sermón del Monte (véase Mateo 5:1-7:27), predicado por nuestro Señor Jesucristo. El Sermón del Monte, sin duda alguna, es el sermón más famoso del mundo. Es también el fragmento más largo de predicación ofrecida y conservada en el Nuevo Testamento. Sin embargo, nosotros los predicadores rara vez lo consideramos como el modelo de nuestra predicación. Es una lástima porque aquí vemos al Maestro predicando.

La audiencia que escuchó a Jesús predicar: Los discípulos, multitudes que le seguían, prostitutas y ladrones, extranjeros como la mujer fenicia, oficiales romanos. Vino a “buscar y salvar lo que se había perdido”. Cristo buscaba a la gente dondequiera que se hallaban y presentaba delante de ellos las grandes verdades relativas a su reino.  Mientras iba de un lugar a otro, bendecía y consolaba a los sufrientes y sanaba a los enfermos.

¿Cómo hablaba Jesús a una multitud mixta? ¡Llamaba su atención y retuvo su atención e interés! ¡No les aburría! ¡Sus palabras eran sencillas, específicas y directas como los golpes de un boxeador!

Jesús estuvo consciente que tenía un gran mensaje, pero tenía  que comunicarlo a una audiencia mixta y por eso escogió un estilo, una estructura y un lenguaje que comunicaba con todos.

Estructura del Sermón de Cristo:

Veamos a continuación la estructura del Sermón de Cristo:

Jesús tenía un tema claro: la vida nueva de su reino. Tenía un propósito claro: a llevar a las personas adentro del reino. Tenía estructura clara. ¡Tenía una introducción que capturaba atención: las bienaventuranzas paradójicas. El cuerpo del sermón es una descripción clara, y paulatina, del significado de ser su discípulo y vivir la vida del reino. Tenía una conclusión poderosa: el relato de los constructores, el  sabio y el necio.

Nos toca seguir el ejemplo de Jesús para predicar con efectividad. El tenía un tema claro, un propósito claro y una estructura clara y eso requiere preparación. Al preparar tu sermón, pide la dirección a Dios para que puedas presentarlo con poder y autoridad como Jesús lo hacía.

El estilo de predicación de Jesús

Adicionalmente, Jesús tenía un estilo definido de predicar. ¡El estilo de predicar que Jesús utilizó en el Sermón del Monte ciertamente captaba la atención! Su estilo era oral, no escrito.

En esta época postmoderna es de tremenda importancia el  cultivo de un estilo oral de predicar y no un estilo literario, porque la gente desconfía de lo que tiene apariencia racional y metódica, y es atraída hacia lo que es más personal y existencial.

A través del sermón Jesús declara, ilustra y aplica. A veces es difícil aislar cada elemento, pero podemos ver claramente que están todos allí, como una soga de tres hilos o una trenza en el cabello de una niña.

En tus prédicas tú también debes declarar la verdad e ilustrar y aplicar dicha verdad. ¡Debes declarar con precisión la verdad específica de la cual estás hablando para que los oyentes sepan de qué hablas! Debes ilustrar la verdad de la cual estás hablando para que los oyentes comprendan lo que les estás diciendo. De igual manera debes aplicar la verdad de la cual estás hablando para que los oyentes sepan que esa verdad se aplica también a ellos.

Declara la verdad

¿Cómo declaraba Jesús la verdad? ¿Qué podemos aprender de él? ¡El declaraba la verdad usando palabras comunes, un lenguaje sencillo y oraciones cortas!

  • “Ustedes son la sal de la tierra”, o
  • “Pidan y se les dará”, o
  • “No juzgues o tú también serás juzgado”.

No usaba palabras confusas, profusas ni difusas. Hablaba con palabras precisas, concisas y macizas. Era de entonación clara y energética. No hablaba con debilidad. Presentaba la verdad como lo que es: verdad absoluta. Como Palabra de Dios, con autoridad y amor.

Jesús también utilizaba preguntas, repetición y contrastes:

  • “Si amas a los que te aman ¿qué recompensa obtendrás?” (5:46).

El oyente se  ve envuelto e intenta a contestar la pregunta.

Utiliza también la repetición:

  • “Bienaventurado… Bienaventurado…  (5:3-11)”.
  • La repetición (¡con variación!) clava bien el mensaje.

Jesús también utilizaba contrastes:

Las bienaventuranzas son contrastes. Algunas de ellas son paradojas. ¡El reino pertenece a los pobres! El capítulo cinco está lleno de contrastes. “Han escuchado que fue dicho…  Pero yo les digo…”.

Cuando anunciemos el evangelio, debemos buscar el estilo oral sencillo de Jesús. Debemos usar las mismas técnicas sencillas que utilizaba él para clavar bien el mensaje en las mentes de nuestros oyentes.

Ilustra la verdad

Jesús siempre ilustraba sus enseñanzas. Utilizaba metáforas impactantes: “Ustedes son la sal de la tierra”, etc. Utilizaba lenguaje gráfico que sugiere imágenes mentales: “No tiren sus perlas a los cerdos…”. Constantemente utilizaba también ejemplos específicos: “…cualquiera que se enoje con su hermano…” y “Si alguien te obliga a acompañarle una milla, anda con él dos millas”.

Utiliza breves situaciones ilustrativas de la vida diaria: “¿Por qué miras a la partícula de aserrín en el ojo de tu hermano y no te das cuenta del tablón que está en tu propio ojo?”, tomada aparentemente del taller del carpintero.

A nosotros también nos toca ilustrar el mensaje que predicamos. Debemos usar ilustraciones que sean familiares a nuestra audiencia, de la experiencia común, de la vida diaria, de la televisión, del periódico o de las canciones, etc.

Aplica la verdad

No importa cuán bien declares la verdad e ilustres la verdad, si no la aplicas, lo que haces no es predicar. Puede ser informativo, puede ser entretenido; pero eso no es predicar.

Lee nuevamente el Sermón del Monte y subraya o destaca las palabras en segunda persona. Si añades a estas las oraciones donde Jesús exhorta directamente a sus oyentes a hacer algo, descubrirás con asombro que casi cada oración es una aplicación directa a los oyentes.

No dejes toda la aplicación para el final del sermón. ¡Los oyentes habrán olvidado tus diversos puntos! ¡Su atención se habrá perdido! Aplica conforme avanzas, como lo hacía Jesús. Los oyentes verán la pertinencia de lo que estás diciendo, para ellos y para sus propias vidas.

También podemos cometer el error de pensar que si solamente les decimos a las personas qué hacer habremos aplicado nuestro mensaje a ellos. Jesús no se conformaba con esto. El les decía a sus oyentes cómo hacer, y por qué valía la pena hacer. En la sección que trata de la oración (6:5-15), no solamente les dice a sus oyentes que oren. Les muestra cómo deben orar al enseñarles el “Padre Nuestro”. Les explica también que vale la pena orar porque habrá recompensa del Padre.

Jesús también aplicaba su mensaje a toda clase de personas. ¡Alguien ha calculado que se dirigía a veintidós clases distintas de personas en el Sermón del Monte!

Aquí algunas instancias:

Gente que desea saber cómo lograr la verdadera felicidad, gente perseguida, gente que cree que el pecado es solamente externo a la persona, gente que está considerando divorciarse de sus esposas, y gente débil que siempre sigue sin reflexión a los demás.

En nuestras prédicas necesitamos tener en nuestra mente una imagen clara a quién apuntamos. ¡Si no tenemos una visión clara del blanco probablemente fallaremos el tiro! También, lo que sigue es importantísimo: ¡Es necesario dirigirnos a personas reales dentro de nuestro entorno y no a personas imaginarias!

Autoridad y urgencia en el sermón de Jesús

Hay autoridad y urgencia en la prédica de Jesús. Estas cualidades caracterizan su prédica en forma general, pero pertenecen en forma especial a su aplicación de la verdad.

Las multitudes sintieron su autoridad (7:28, 29). Jesús no estaba citando solamente a una y a otra autoridad. El declaraba la Palabra de Dios. Es cierto que lo hacía por su propia autoridad “pero yo les digo”.

Además nos dejó un ejemplo a seguir, y nos dio la autoridad para proclamar el evangelio. No debemos de proclamarlo como si fuera una opción válida entre muchas, como se cree en nuestro mundo postmoderno. Debemos de proclamarlo como la verdad absoluta de Dios.

Hay también una nota de gran urgencia en la prédica de Jesús. En su  predicación buscaba una decisión. Su estilo no es el “tómalo o déjalo”. Hay una vía estrecha que conduce a la vida, y hay una vía ancha que conduce a la destrucción (7:13, 14).

La verdadera relación entre el oyente y Jesús es crucial. Entre ellos hay a quienes dirá algún día “Nunca los conocí. ¡Apártense de mí malhechores!” (7:23).

La conclusión dramática con que Jesús finaliza su sermón lo demuestra en forma poderosa.

El hombre sabio hace lo que Jesús le dice y resiste las tormentas de la vida. El necio no hace lo que Jesús le dice y está en camino a la ruina. (7:24-27).

De igual manera nosotros tenemos que dejar muy en claro para nuestros oyentes la necesidad absoluta de escoger a Jesús, y lo tenemos que hacer con urgencia.

Nuevamente esto va en sentido contrario al espíritu de nuestra época. La gente está muy relajada en cuanto a las grandes decisiones de la vida. No les importa tanto. Una forma de vivir vale tanto como otra. ¡Mentiras! ¡Mentiras!

Debemos de perder el miedo de usar el lenguaje más dramático y gráfico para comunicar la urgencia de la situación.

Hablemos de escapar del fuego, de extirpar el tumor canceroso y de saltar del barco que se está hundiendo. Prediquemos cada sermón como un mensaje de vida o muerte. Digámosles a la gente: “¡Escapa por tu vida!”; “¡Ven a Cristo ahora!” “¡Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado!” “Si hoy oís su voz, no endurezcáis vuestro corazón”. “Cristo viene, ¡prepárate ahora!”. “¿Qué te detiene? ¡Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre!”

Concluyamos con lo siguiente:

En el Sermón del Monte, Jesús no nos da solamente enseñanza clara y pertinente para los cristianos y otras gentes. También nos deja un ejemplo claro para los predicadores cristianos de cómo predicar. El proclamaba las buenas noticias (evangelio) del Reino de Dios (4:23).

Hablaba en forma específica, directa y entendible. Utilizaba palabras y conceptos que la mayoría de las personas de distintos trasfondos, culturas y religiones podía entender. El pensaba en sus oyentes y no solamente en su mensaje, y amoldaba sus métodos a ellos.

Cada predicador hará bien en prestarle atención.

 

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3 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. santiago mejia
    sep 05, 2011 @ 00:35:22

    la verdad no lo sé, q pena!

    Responder

  2. Maria Alvarez
    feb 02, 2014 @ 20:48:45

    Muy bueno me encantó

    Responder

  3. Alfredo Moreno Arciniegas
    mar 13, 2014 @ 23:01:15

    Me gustó mucho el análisis que hicieron del sermón del Señor Jesús en el monte. Duele mucho saber que muchos predicadores no están enseñando las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo con las características que Dios ordena. En este tiempo se está enseñando un evangelio diferente, con mandamientos de hombres, donde sobre sale es el predicador y sus mensajes de motivación que se llevan el aplauso de los ingenuos, de aquellos que se hacen llamar a sí mismos cristianos, pero que no conocen a Dios ni a su Hijo Jesucristo. Pero la palabra de Dios tiene que cumplirse por encima de todo, y según el Espíritu Santo nos enseña estamos en tiempos de apostasía. (1ra. Timoteo 4;1)

    Cordialmente,
    Su hermano y amigo,

    Alfredo Moreno Arciniegas

    Responder

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